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El marketing político exige la aplicación de una serie de técnicas necesarias para un equipo de campaña electoral.

Un punto de partida fundamental para ganar una elección es tener conocimiento del electorado y hacer un diagnóstico del proceso electoral. Las encuestas junto con los estudios de opinión pública y el análisis estadístico, permiten responder a cuatro interrogantes claves: ¿cómo es el candidato?, ¿cómo son sus adversarios?, ¿cómo son los electores?, ¿cuáles son las tendencias que predominan en la elección?

Conocido como diagnóstico socio-político (DSP), este punto de partida sirve como base para elaborar una estrategia de campaña. Sin él no es posible diseñar una hoja de ruta por la que el candidato debe transitar. Y sin él, la campaña será llevada a ciegas.

De la misma forma, la estrategia de campaña debe contar con los siguientes elementos: el mensaje para los grupos objetivos a los cuales se dirige el candidato, los medios de difusión a utilizar y un manejo específico de los tiempos para el procesamiento de los contenidos.

Entrando al papel del candidato durante la campaña, siempre se recomienda que su mensaje sea único: el eslogan de la campaña y la imagen del candidato deben estar inequívocamente amalgamados. Que el mensaje sea único no significa que se repitan exactamente las mismas expresiones. Un mismo mensaje puede ser expresado de distintas maneras. Incluso los gestos, que son parte de la comunicación no verbal, deben guardar sintonía como mensaje.

Dicho esto, se debe tener claro que el mensaje debe ser comunicado a los electores, pero no a todos al mismo tiempo ni de la misma forma. En ese sentido, es importante segmentar y saber dirigirse a cada segmente ‘traduciendo’ el mensaje en cada escenario y para cada grupo específico.

El candidato no debe cambiar de mensaje. Cabe señalar que el mensaje es el producto de un trabajo previo. Además, el mensaje debe estar acorde con la imagen que el elector ya tiene del candidato. Una campaña sólida y consistente es aquella que logra mantener el mensaje desde el principio hasta el fin, logrando que el mensaje cale profundamente en la gente.

Los mítines, especialmente si se cuenta con grandes concentraciones televisadas, sirven para mostrar el respaldo ganado por el candidato. Entre mitin y mitin el candidato puede aprovechar para ofrecer declaraciones por radio y televisión. Ahí es donde él se puede presentar y explicar propuestas que sean de interés de los ciudadanos, especialmente para los oyentes y televidentes locales. A través de esto, el candidato consolida la emisión del mensaje en una zona determinada, y esto deberá repetirse en todas las localidades adonde vaya a hacer campaña.

Por otro lado, otro tema de suma importancia es contar con un plan de medios en el que se programe y dosifique las apariciones del candidato, a través de entrevistas amplias donde este pueda explicar su programa. Se debe contar con una primera plataforma de medios de gran difusión nacional como la televisión y programas radiales de amplia cobertura y teleaudiencia. A partir de allí vienen los medios impresos y digitales de cobertura nacional y los programas radiales de menor cobertura. Además, y en cada visita a una ciudad del interior, el candidato debe  acceder a entrevistas de medios locales o regionales donde debe concretarse un miniplan de medios.

Aquí cabe resaltar un aspecto mediático que ha cobrado enorme relevancia: la presencia del candidato en las redes sociales. Es preciso contar con un equipo que desarrolle una estrategia específica en este campo.

En cuanto al manejo de los tiempos, este quizá es el aspecto en el que se debe hilar más fino. El equipo de asesores del candidato debe saber definir en qué momento y cómo debe comenzar la campaña o precampaña. Debe manejar las técnicas de inicio, de sostén y de cierre de una campaña electoral. Es preciso definir una agenda en las que se dosifiquen debidamente exposiciones, mítines, entrevistas y debates en los que participará el candidato. También deben establecer cuáles serán los grupos objetivos a los que se debe dirigir el mensaje en cada escenario -y en qué momento-, a fin de ganar su preferencia.

Finalmente, el candidato debe priorizar la profundización de su mensaje en positivo, mediante la explicación de sus propuestas programáticas. El candidato debe evitar atacar o responder a los ataques que se presentarán. Los ataques tienen como objetivo evitar que el candidato exponga ampliamente sus propuestas, haciendo que dedique tiempo en responder a sus adversarios. Y no debe caer en ese juego.